**Article rédigé par Martin Morales**

 

La relación bilateral entre Estados Unidos y Argentina ha tenido un recorrido sinuoso a lo largo de nuestra historia en donde atravesó períodos de alta conflictividad hasta momentos de una afinidad casi total. A partir de la instauración definitiva de la democracia en Argentina en 1983, los vínculos entre ambas naciones en esos primeros años estuvieron ensombrecidos por la reciente guerra de Malvinas ( 1982 ), el ascenso de nuevos modelos democráticos en toda Latinoamérica con una mirada distinta sobre los EEUU, y los retazos finales de la Guerra Fría a nivel mundial.

Durante los años 90, Argentina pasó a ser uno de los socios principales de la región, siguió paso a paso las recomendaciones del “Consenso de Washington” para estabilizar la economía, incluyó gestos notorios de acompañamiento como el envío de tropas nacionales al conflicto del Golfo Pérsico en el bloqueo contra Irak, y esa diplomacia de seguidismo tuvo su mejor definición en la famosa frase del Canciller Argentino Guido Di Tella de mantener “relaciones carnales” con los Estados Unidos, que quedó grabada a fuego en la memoria colectiva.

A fines de los años 90 y principios de los 2000, la economía Argentina comenzó a mostrar fisuras, empieza a decaer y entra en una profunda crisis institucional marcada por la pérdida de confianza de inversores y la fuga de capitales. Luego del previsible estallido social y de tener 5 presidentes en 11 días, Argentina inició un período de estabilización y recuperación económica acompañado con un mensaje anti-americano culpando las políticas del “Consenso de Washington” de la situación económica anterior, todo esto en el marco del ascenso de nuevos gobiernos de sesgo izquierdista y pseudo-progresistas en varios países de Latinoamérica (Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y José Mujica en Uruguay).

El triunfo electoral de Mauricio Macri en las elecciones de 2015 marcó un rotundo cambio de agenda entre ambos países que produjo un acercamiento inmediato en el tramo final del gobierno del Presidente Barack Obama, transitando esta nueva etapa por la confección de una renovada agenda marcada por la redefinición de los intereses estratégicos comunes como la no proliferación de armas nucleares, combatir el narcotráfico, la lucha contra el tráfico de personas y políticas activas de estabilidad regional.

Hoy las relaciones se encuentran en un gran momento en el plano diplomático pero con ciertas dificultades en el ámbito comercial, donde la retórica del presidente Donald Trump y sus políticas de “America First” (Estados Unidos primero) han complicado las relaciones comerciales, manifestándose dichas diferencias en las trabas del ingreso del biodiesel a EE.UU y el posible reclamo de Argentina ante la Organización Mundial de Comercio.

Las relaciones entre países deben tener siempre como objetivos favorecer el diálogo, apostar a la madurez de una historia común, sostener la previsibilidad y así poder alcanzar un equilibrio entre los intereses de ambas naciones. En éste caso hemos mantenido a lo largo de los años una relación marcada por avances y retrocesos en el ámbito diplomático pero los vínculos comerciales siempre han sido estables, por todo eso es que se hace necesario enfrentar el desafío de que las actuales políticas anti-comerciales por parte de Estados Unidos no empañen los avances logrados en otros escenarios y que los intereses económicos, menores y sectoriales, perjudiquen éste nuevo camino que estamos transitando juntos.

Responsabilidad, respeto mutuo y construcción de consensos, deberían ser las palabras de éste nuevo tiempo.